Visiones sobre la reencarnación (parte 1)

Se sabe que los egipcios creían en la reencarnación o la transmigración del alma. Creían que el alma transmigraba de cuerpo a cuerpo y esta fue la razón por la que embalsamaban al fallecido, con el fin de preservarlo para que puediera viajar junto con ka, la fuerza animadora que se cree es la contraparte del cuerpo, que lo acompaña en el otro mundo o la vida. Ka puede considerarse el equivalente a la expresión del alma. Esto establece la datación del concepto de la reencarnación de nuevo a la antigua religión egipcia, pero muchos piensan que data más allá en antigüedad.

Se piensa que esta creencia ha fue una necesidad en los pueblos primitivos. Ciertamente, mucho antes de que los antiguos pueblos de Egipto creyeran en la transmigración del alma. Esto se basaba en el hecho de que una persona o un objeto que se movía tenía vida tenía, y el que no, no tenía vida. Esto es análogo a la creencia del animismo.

Poco a poco se desarrollo el concepto de un alma que dejaba el cuerpo del difunto en la muerte y entraba en el cuerpo al nacer. Pronto se pensó que el alma que dejaba el cuerpo muerto buscaba otro cuerpo para entrar, o entraba en un animal de una forma de vida inferior. También se pensaba que el alma dejaba el cuerpo durante el sueño, esta alma se representaba en forma de vapores que entraban y salían por la nariz y la boca.

Más tarde surgió la idea de que el alma transmigraba a un niño de un pariente difunto. Esto ayudó a explicar los parecidos de familia.

La reencarnación se explica mediante la transformación del alma, especialmente cuando se aplica a los seres humanos. La reencarnación no es sinónimo de metamorfosis o resurrección. La metamorfosis es más o menos el cambio de una forma de vida en otra forma de vida; en tanto que la resurrección, en el sentido cristiano, significa el levantamiento de cuerpo después de la muerte.

La primera definición de la transmigración del alma vino de Pitágoras, el filósofo y matemático griego, que enseñaba que el alma era inmortal y reside simplemente en el cuerpo, por lo que sobrevivía a la muerte corporal; además, esta alma pasaba por una serie de renacimientos. Entre la muerte y el renacimiento alma descansaba y se purificaba en el Inframundo. Después de que el alma había completado esta serie de renacimientos, estaba tan purificada que se podía salir de la transmigración o el ciclo de la reencarnación.

Platón, otro filósofo griego, compartió puntos de vista similares a los de Pitágoras en las que el alma del hombre era eterna; sin embargo, Platón afirmaba que el alma tiende a convertirse en impura mientras está en el cuerpo y por eso un conocimiento mínimo de la vida anterior queda; si a través de sus transmigraciones del alma continúa haciendo el bien y elimina las impurezas del cuerpo con el tiempo volverá a su estado de pre-existencia. Si el alma se deteriora continuamente a través de sus transmigraciones corporales terminar en el Tártaro, un lugar de condenación eterna. Esto parece ser un origen tanto del concepto de karma como del concepto cristiano del infierno.

En en el siglo I dC los escritores griegos y romanos se vieron sorprendidos por el hecho de que los druidas, una casta sacerdotal de los celtas, creían en la reencarnación. El escritor griego Diordus Sículo observó que los druidas creían que as almas de los hombres eran inmortales, y que después de un número determinado de años que vive una vida el alma pasaba a otro cuerpo.

Incluso Julio César escribió de los celtas:

“Ellos desean inculcar esto como uno de sus principios más importantes, que las almas no se extinguen, sino que pasan después de la muerte de un cuerpo a otro, y piensan que los hombres de este principio son en gran medida estimulados al valor”.

Hay poca evidencia de la creencia de la reencarnación entre los primeros hebreos, pero más tarde se convirtió en una parte de la enseñanza cabalística. La enseñanza se produjo entre los primeros cristianos, especialmente los gnósticos y maniqueos; pero más tarde fue repudiada por los teólogos cristianos ortodoxos.


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