Sueños fálicos

Cuando Carl Gustav Jung tenía entre tres y cuatro tuvo un sueño que los marcó durante toda su vida: la casa en la que vivía su familia se encontraba cerca del castillo de Laufen, cerca de una gran pradera; el niño se encontraba en el prado donde encontró un agujero de forma rectangular, como nunca antes la había visto, se asomó a el. Había una escalera por la cual bajó y encontró en una puerta con un arco redondeado y cerrado por una cortina verde; detrás de la cortina vio ante él una cámara rectangular con poca luz, con el techo arqueado de piedra labrada.

El suelo estaba compuesto por baldosas con una alfombra roja central y en el fondo un trono de oro, y cerca de éste, algo estaba de pie en lo que él creía que era un tronco de árbol; según su descripción era una cosa enorme que llegaba casi hasta el techo. Sin embargo, su composición era curiosa: estaba hecho de piel y carne, y encima había algo como una cabeza redondeada sin cara y sin pelo; en la parte superior de la cabeza había un solo ojo, mirando hacia arriba sin moverse.

Por encima de la cabeza había un aura de brillo, según cuenta del sueño, la cosa quedó inmóvil, pero el niño sentía que en cualquier momento podría arrastrarse fuera del trono como un gusano e ir hacia él. Estaba paralizado de terror. En ese momento oyó la voz de su madre desde fuera que le dijo: “Sí, sólo mirarlo. Esa es la devoradora de hombres”. Esto intensificó su terror aún más y se despertó muerto de miedo. Las noches siguientes, no quería dormir por temor a tener un sueño similar.

Sólo mucho más tarde se dio cuenta de que había soñado con un falo, y décadas más tarde reconoció que había sido un falo ritual.

Según Jung diversas partes del sueño tenían un significado. La significación abstracta del falo se muestra por el hecho de que fue entronizado por sí mismo, y era un dios subterráneo. El agujero simboliza una tumba, la cortina verde la cubierta de la tierra, y más allá de la cortina se representaba el misterio de la Tierra, todo incorporado en el templo subterráneo.

Esta es la interpretación personal de Jung sobre el sueño, aunque años más tarde reconoce que incluso a una edad temprana su mente fue variando su pensamiento en relación con el cristianismo, pues ya estaba pensando en términos de la naturaleza.

El verde y el misterio de la Tierra son símbolos recurrentes en el sueño; estos son aspectos de fertilidad de la tierra. Cuando era niño probablemente no estaba familiarizado con el órgano sexual femenino, pero estaba familiarizado con el pene y esta fue la razón de la presencia del falo en el sueño. Su madre hacía referencia a la “devoradora de hombres”, lo que podría representar la actitud anti-sexual del cristianismo y la desconfianza creciente de los niños hacia los jesuitas.

Fue con este tipo de experiencias que Jung fue capaz de examinar las cosas de ocultismo con facilidad. Cuando era un niño, sin duda, su mente lo hizo.


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