Salomón (parte 2)

Entre los fenicios, que construyeron el puerto de Ezión-beger de Salomón estaban los marineros fenicios que visitaban el puerto más o menos cada tres años; en estos viajes llevaban oro, plata, marfil, monos y pavos reales. Esta armada viajaba desde y hacia Ophir (moderno Yemen) y otros puntos de la costa africana para recoger estos productos y agregarlos a la tesorería del rey.

Según la leyenda bíblica uno de los visitantes famosos de Salomón fue la reina de Saba, que viajó más de 1.200 kilómetros desde su reino junto al mar Rojo a verlo. Lo que una vez descartado como una historia romántica aparece posiblemente ser hechos con base en los hallazgos arqueológicos, pues los dos reinos estaban dentro de los límites de la famosa ruta de las especias, por lo que es un viaje que ahora parece posible.

Salomón hizo cumplir el sueño de su padre y construyó un magnífico templo en Jerusalén, que se describe en la Biblia. El Templo como los otros edificios que Salomón construyó en Jerusalén llevando a cabo el estilo rústico de su padre, eran grandiosos. Los tres proyectos principales incluyen su casa personal, la casa del bosque del Líbano, y el templo. Cuando se terminó este trabajo, Salomón colocó en el templo todas las cosas que él le había dedicado a la casa del Señor, incluyendo la plata y el oro, y los vasos.

Sin embargo, Salomón no era en absoluto el guardián de la religión de Israel, pues se casó con muchas esposas extranjeras; ya que además de la hija del Faraón había mujeres de los moabitas, amonitas, edomitas, Sidonines y Hittities. Cuando Salomón llegó a viejo sus mujeres desviaron su corazón de Jehová, y adoraron a otros dioses. Esto lo llevó a cometer idolatría y la condonación de la idolatría de sus esposas. Una de estos deidad era Astarté, conocida como “la abominación de los sidonios”, ya que su culto fue establecido a principios entre los fenicios. Esta diosa de la fertilidad fue llamada Astarte por los griegos e Ishtar en Babilonia. Ella se dice que es el protagonista del amor sexual y la guerra.

Por tal idolatría el Señor se enojó con Salomón y le dijo:

“Por cuanto has hecho esto, sabiendo que no siguiese a dioses ajenos, y no has guardado lo que os he mandado, y no habéis guardado mi pacto y las leyes, seguramente romperé el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo”.


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