Representaciones históricas y culturales de la muerte (parte 4)

Una imagen conocida de la muerte (la figura con la guadaña) se deriva de las antiguas creencias celtas; Sucellos, que fue descrito como un poderoso delantero con la guadaña en la mano. Esta entidad también fue llamado Silvano en el sur de la Galia.

En algunos panteones celtas, la muerte tiene una vez más, los aspectos indicados. Uno de los más conocidos es la triplicidad femenina “Morrigan, la reina de las sombras”, consistente en realidad de tres espíritus, se personifica como un cuervo negro grande, al que se le ve barriendo para atrapar a su presa. Otra personificación céltica menos conocida era Ankou, conocido en Bretaña e Irlanda rural por el sonido de su carro chirriante al recorrer los caminos de la noche, recogiendo sus últimas víctimas. Él sólo necesita abrir la puerta del carro para quitar la vida.

En el folklore galés, Gwyn Ab Nuud se menciona como “el dios de la caza, que reúne a las almas perdidas y les acompaña hasta la tierra de los muertos en un caballo blanco”.

Quetzalcóatl era el dios del oeste y de la magia en la antigua América Central. Se representa como una serpiente emplumada con dos caras, una de vida y de muerte, pues era a la vez creador y destructor, señor de la vida y de la muerte, y la encarnación de la energía cuya muerte personificada fue llamado Miquiztli, que literalmente significa “muerte”.

Si vamos más al norte, en México, nos encontramos con el nombre de Mictlantecuhtli, el “Dios de la Muerte” azteca, cuya función era la de guiar a las almas de los muertos con seguridad al otro mundo. El nombre de Kukulcán también se menciona brevemente como la manifestación de la muerte.

En nuestros días el arte popular mexicano personifica a la muerte como la “Santa Muerte” y se representa como un esqueleto vestido de blanco. En una mano sostiene la balanza del equilibrio, y en la otra, ya sea tierra o la guadaña.

Baron Samedi es la muerte personificada en el panteón haitiano, y se describe muy claramente como un hombre alto y negro luciendo un frac y sombrero de copa; él tiene una larga barba blanca y cuencas sin ojos en su cabeza. Cuando se invoca, aparece agitando las colas de la capa e inclina su sombrero. Se dice que es un orador muy educado, pero sus comentarios y gestos pueden ser muy lascivos.

La forma femenina haitiana de la muerte se conoce como la Señora Brigette, que tiene la misma función que el Barón Samedi, pero con un poco más de atributos parecidos a los de Kali.

Si rastreamos la tradición a su fuente en África, encontramos el nombre Oya, que se traduce como “la que provoca las lágrimas”. Es la diosa de las tormentas, los huracanes, el cambio radical y la muerte; y se presenta como un torbellino que literalmente rasga el velo entre este mundo y el siguiente. Es una fiera y firme guardiana del cementerio, sobre todo de las almas de las mujeres. Ella también ha encontrado su camino en la religión de la Santería donde llena el papel de alguien que vela por los muertos y guía a su paso.

La cultura africana esta particularmente plagada de figuras arquetípicas de la Muerte. El Egungun, de África Occidental son un grupo de “espíritus de la muerte”, que sólo aparecen como entidades cubiertas de tela y bailan en diversos festivales y funciones tribales. Gaunab es otra de las muchas personificaciones de la muerte en África.


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