Relación entre el I Ching y el Tao

El I Ching es un oráculo chino antiguo, y Lao Tse -basado en la tradición de este oráculo- lo relacionó con sus enseñanzas sobre el Tao; por lo que unió ambas tradiciones y según sus escritos, ambos conceptos son dos aspectos de un mismo mundo y deben ser la guía de la manera del ser.

El Tao es el camino, para fluir junto al Tao se debe estar en armonía con la naturaleza del tiempo, esto se basa tanto en los ciclos regulares de la agricultura como en la dinámica cambiante de la política contemporánea; por lo que se llegó a un ideal simple: seguir lo que es correcto para la época.

Según Lao Tse, el tiempo no está marcado cuantitativamente sino cualitativamente, como un momento particular, lo sagrado debe ser respetado. Si se tratan de extraer las ideas absolutas del I Ching -así sea a través del Tao- se puede perder el punto, pues el I Ching abarca muchas formas diferentes de relacionarse con la naturaleza del tiempo para seguir el camino cambiante.

El I Ching no es sólo un libro de sabiduría para leer, es un oráculo con quien hablar; a través de la consulta al oráculo, se nos separa a nosotros mismos de la racionalización, y nos permite visualizar de mejor manera la realidad subyacente del momento.

El ideal taoísta de una percepción nítida que le permite a las personas moverse de forma natural en el momento justo, fue compartida por los usuarios primitivos de los oráculos, pues sus peticiones no solo eran maneras pasivas de pedir a los espíritus conocimiento sobre lo que iba a suceder, sino más bien saber si tenían su bendición para la caza o la cosecha (entre otras actividades).

Es así como el I Ching además de proporcionar una visión clara del Tao (camino a seguir), también nos da la capacidad de conocer si es el momento adecuado para seguir por dicho camino.


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