Pensamiento no racional (parte 3)

En nuestras sociedades las mentes llenas de imaginación de la infancia son poco a poco abrumadas por los modelos de la realidad lingüística de nuestra cultura (nuestra ideología cultural general), inicialmente absorbida en una osmosis inconsciente de nuestra familia inmediata. El niño percibe y emocionalmente repite e imita, y con el tiempo se adapta para lograr la aceptación. Como el pensamiento lingüístico simbólico se convierte inconscientemente habitual, la mente está ocupada, y por tanto ajena a la realidad, ya que asiste a un continuo flujo de símbolos de la “realidad” y puede perderse lo que está delante de sus ojos. Esa mente es la mente. Entonces, ¿qué nos falta?

Se puede racionalizar cualquier cosa, y aquí yace el mayor dilema de la humanidad: cómo entender las cosas correctamente. Toma todos los problemas del mundo y controversias, tragedias e injusticias, misterios e incertidumbres, e incorpóralos en los grandes complejos remolinos de la definición racional y la interpretación; el análisis y la discusión sin fin de todo esto proporciona una vida agradable para muchos, pues siempre habrá más datos para descubrir y una comprensión más madura para lograr, por lo que decir que se sabe de todo y no se pueden llegar a múltiples conclusiones, puede ser tomado como un error.

El dilema es el siguiente: si la razón misma es fundamentalmente errónea, y condenado a la realidad imperfecta que representa debido a su dependencia de las interpretaciones de grandes colecciones de símbolos de la realidad en vez de una manera más directa de entender ¿debemos confiar que la razón única nos guíe correctamente en nuestro futuro cada vez más caótico?, ¿no ha sido el principal medio a través del cual hemos llegado al estado actual del mundo?, ¿no deberíamos liberarnos de la mente y el estrés que producen enfermedades a nuestra civilización moderna racionalmente concebida así? ¿deberíamos expandir nuestra conciencia y permitir una comprensión más directa. intuitiva y basada en la realidad de nuestra situación?

Tal vez un ejemplo del pensamiento no racional nos ayudará a conseguir algunas respuestas: cuando somos verdaderamente amados (como conocemos el concepto de amor) simbólicamente lo sentimos, no importa lo que se comunique en el lenguaje, pues de un modo u otro tenemos la capacidad de detectar directamente la verdad de un asunto.

Otro ejemplo indica que cuando hacemos algo que es simplemente un error, lo sabemos, lo sentimos “en el intestino” y no importa nuestra razón, pues la racionalización es simbólica y el sentimiento no.

Dado que una fuerte emoción puede nublar la razón, sigue siendo sospechoso dentro de la discusión intelectual y con razón. Podemos dar vueltas y vueltas con esto hasta que nos damos cuenta de que simplemente tenemos la capacidad, a través del misterio asombroso de la conciencia, detectar directamente el camino correcto. La tensión disminuye esta capacidad natural, oscurece nuestra capacidad perceptiva, y repite un diálogo interno continuo que aumenta la tensión. Calmando el diálogo interno se invierte esta situación. ¿Has notado cómo las personas muy habladoras, especialmente los que hablan a un ritmo más rápido, a menudo son los más tensos y también en general son más conscientes de ello?

La civilización es, literalmente, la cultura de las ciudades. Esto se puede comprobar al comparar los estereotipos del citadino tenso y el aldeano relajado. Esta dicotomía ciudad/campo de conciencia relajada frente a la tensa subyace al viejo conflicto entre las poblaciones cristianas y paganas: los cristianos eran la gente de la ciudad, que recibieron su ideología racional de la palabra escrita; en tanto que los pueblos paganos, con su conciencia relajada y ampliada, encontraban sentido del misterio que les rodeaba en la naturaleza. A pesar de estas diferencias, ambos pueblos eran perfectamente susceptibles a la superstición, por temor a lo que ellos no entendían.

Es por eso que como ejercicio propio deberíamos cuestionar toda autoridad que pretende mantener la superioridad de la verdad, pues como sabemos, la razón puede desactivar la realidad con la misma facilidad con que la puede permitir. Quizás los místicos han estado en lo cierto, ya que primero tenemos que lograr un cierto grado de paz interior para que tal vez entonces nuestra conciencia expandida haga cuenta del racionamiento de una civilización verdaderamente centrada en la realidad, frente a nuestra cultura moderna centrada en la fantasía. Después de todo, la razón es sólo una herramienta de la mente, y los resultados de su uso se determinan tanto por la calidad y el estado de dicha mente.

 


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