Pensamiento no racional (parte 2)

Las palabras pueden tener un aura de poder misterio, hoy en día, nosotros podemos desconectar gran parte de la realidad que nos rodea al centrarnos en el lenguaje, viajando a lo largo de nuestras pistas pequeñas de tren mentales del pensamiento lingüístico, con la esperanza de que a medida que avanzamos vamos por “el buen camino”. Con demasiada frecuencia nos encontramos con que no somos en ese instante, incluso podemos llegar a estar “perdidos en los pensamientos” y desconocemos el mundo que nos rodea.

Imagina la realidad como una pizarra infinitamente grande con nuestro pensamiento lineal que aparece, palabra por palabra, a través de una pequeña porción de la misma. Nuestra atención se centra en las palabras y los conceptos que representan en combinación sintáctica, pero no somos capaces de contextualizar completamente nuestra comprensión en pequeños puntos del conjunto que están fuera de nuestro punto de vista racional o racionado. Más bien tenemos la tendencia a crear ramificaciones y agrandando el diagrama, así, en vez de seguir un camino lineal, nos desviamos y agrandamos la pequeña porción de realidad en la que estamos pensando.

A pesar del avance de la tecnología y la ciencia, al parecer la humanidad se esta quedando limitada por el pensamiento racional, pues ya no nos dejamos llevar por el instinto y solo buscamos un camino seguro que nos lleve a una tranquilidad relativa; este no es un ataque a la razón, sino más bien un intento de despertar el pensamiento no racional.

Así que volvemos a la cuestión fundamental: pensar racionalmente. El razonamiento, está pensando en o con símbolos. Es de suponer que inicialmente se hizo en la prehistoria para comunicarse entre sí, pero en algún lugar a lo largo de la línea de la actividad del pensamiento lingüístico se convirtió increíblemente complejo y empezamos a perdernos en él; atrapados en el “diálogo interior”, el continuo proceso mental en el que sin cesar tratamos de entender las cosas. Este proceso rara vez conduce a la certeza, y la certeza puede ser ilusoria, por lo que generalmente se termina eligiendo nuestra mejor conjetura o intuición, decisión y acción cuando sea necesario. Esta conversación interna puede continuar a lo largo de nuestro día y llegar a ser tan obsesivo que puede incluso impedirnos dormir por la noche.

Teniendo en cuenta a la mente y el cuerpo como separables, por el momento, nuestros cuerpos reaccionan a la actividad puramente mental hasta cierto punto como lo hacen a nuestra experiencia exterior de tal manera que la tensión se puede construir a medida que contemplamos construcciones mentales simbólicas. Nuestros músculos reaccionan y se tensa a medida que se acumulan la intelectualización, sobre todo porque nos preocupamos por revivir dilemas personales o recuperar memorias dolorosas.

Parte de esta tensión se mantendrá dentro de nosotros hasta que se expulsen, por lo general a través de un esfuerzo físico u otros métodos como la meditación o el yoga; el objetivo es romper el espíritu salvaje de la mente indisciplinada, obligándola a permanecer en un lugar, por así decirlo. Mantener la atención tan fija impide que siga el discurso mental, deteniendo el pensamiento lingüístico racional en sus pistas lineales. Es aquí donde el pensamiento no racional hace su aparición.

 

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