Pelagio (parte 2)

La opinión de Pelagio y sus seguidores se sujeta firmemente a la doctrina de la libre voluntad del hombre y de la bondad innata de la naturaleza, que, según ellos, no ha sido dañada sino sólo modificada por el pecado. Esta visión sirvió para la base de pelagianismo.

Los puntos de vista de Pelagio no eran la única fuente de sus problemas con la Iglesia. Visitó Roma alrededor del 380, lo que vio y escuchó estaba en directa oposición al ascetismo riguroso practicado por él y sus seguidores. Rechazó la grandeza de la jerarquía de la Iglesia, especialmente del papado.

Al regresar a Irlanda sugió criticando la postura de Agustín, pero Pelagio, debido a su vida de predicación ascética e insistente sobre “básicamente buena naturaleza del hombre moral y en la responsabilidad del hombre para elegir el ascetismo cristiano para su avance espiritual”, continuó ganando seguidores.

Alrededor de 412 Pelagio fue a Palestina, donde en el año 415 se presentó ante el sínodo de Jerusalén, acusado de herejía. Él tuvo éxito en la tarea de evitar ser censurado.

Pelagio es recordado por tratar de liberar a la humanidad de la culpa de Adán. Él y sus seguidores nos recuerdan una vez más que en la historia temprana de la Iglesia hubo disidentes, se dice de Pelagio:

“El individualismo del monje celta, su convicción de que cada persona es libre de elegir entre el bien y el mal. Y su insistencia en que la fe debe ser práctica así como espiritual son señas de la identidad de los cristianos en Gran Bretaña…la principal prueba de la fe no es la observancia religiosa, sino el comportamiento diario hacia nuestros vecinos y hacia las propias mascotas, ganado y plantas”.



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