Nombres antiguos del “Yo”

Casi desde el principio de la humanidad hemos estado intrigados con la supervivencia después de la muerte. Mucha especulación ha circulado sobre la causa de esta antigua fascinación, y una cosa es cierta, no hay pruebas de su existencia.

Los términos que denotan esta fascinación se encuentran en las lenguas de las culturas antiguas. Los egipcios lo expresaron como el concepto de la Ba-alma, que los griegos llamaron el daimon interior del hombre, y los romanos adoraban como el genio del hombre, que era nativo de cada individuo.

En las sociedades más primitivas se pensaba con frecuencia como un espíritu protector encarnado en un animal o un fetiche.

Los antiguos romanos sostuvieron que el genio del hombre era la fuerza divina que sobrevivía después de que la persona estaba enferma. Era una entidad viva que pasaba de una generación a otra a través de la cabeza de la familia. Este espíritu genio del padre fue personificado por el arte, que lo vinculaba con el espíritu ancestral.

En la sociedad moderna, el “yo” se ha designado como el centro del hombre por el psiquiatra Carl G. Jung. Jung describió este “yo” del hombre como la totalidad de toda la psique con el fin de distinguirlo del “ego”, que comprende sólo una pequeña parte de la psique.


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