Neófito

El término neófito se originó en la cultura griega, y significa “recién injertados o injertar en”. Se aplicó originalmente a los recientemente iniciados en los misterios de Eleusis o de cualquier otro griego antiguo. Platón comentaba  acerca de ellos:

“Hay muchos portadores varita (la varita es la insignia de los iniciados), pero pocos místicos”.

Los primeros neófitos del Cristianismo fueron los catecúmenos bautizados, se consideraba que éstos -al ser convertidos recientes- tenían pocas probabilidades de mantenerse firmes contra el paganismo de la sociedad que los rodeaba; de ahí que el término se desvirtuó para designarlos.

San Pablo prohibió la ordenación de los neófitos o novicios durante un año, y en base a ese suceso, El Tercer Concilio de Arles sostuvo que los recién bautizados que se convertían en candidatos para las órdenes sagradas tenían que someterse a un período de prueba de un año. Los misioneros católicos todavía se refieren a los paganos recién convertidos o a los que no cree como neófitos.

En el ocultismo un neófito es visto más como un aprendiz, se puede considerar un ayudante o asistente de un adepto. El asistente aprende ayudando al adepto y estudiando los materiales relacionados que se adapten a la zona de ocultismo que desea aprender.

Una orden elaborada del proceso cada vez mayor de los neófitos fue vista en la secreta Orden Hermética del Atardecer Dorado, el proceso incluyó un undécimo grado para el neófito y luego diez grados o títulos que en comparación con los diez niveles del Árbol de la Vida de la Cábala. Los grados se estructuraron en tres órdenes: Exteriores, Segunda y Tercera. La persona avanzaba de acuerdo a sus conocimientos adquiridos.

 


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