Mandala hindú

El mandala hindú es una representación simbólica del universo pictórico, y aunque es originario de la India, es muy importante en el budismo tibetano, y asimismo se visualiza en el contexto del ritual tántrico.

Aunque los mandalas son comúnmente realizados como pinturas de agua, para los rituales importantes la práctica consiste en trazar el mandala en los colores consagrados que se pueden borrar al terminar el ritual. En la meditación, pueden ser visualizados sin representación física.

Todos los mandalas siguen un formato simbólico preciso, su forma circular indica una impregnación del todo y consiste en un anillo externo de llamas; esto le da a la zona un carácter protector, y como el yogui visualiza su entrada en el mandala, sus impurezas se queman simbólicamente.

Un segundo círculo está formado por un anillo de vajras, simbolizando la calidad indestructible de la iluminación, especialmente en mandalas de divinidades coléricas, hay un tercer círculo de los ocho cementerios, en los que mueren las ocho capas superficiales de la conciencia que pudieran distraer al meditador de su concentración requerida.

Un anillo de final de pétalos de loto significan la pureza de la tierra en la que el yogui entra.

Durante la visualización, el yogui se encuentra fuera de un “palacio puro” (Vimana), que  implica la representación de los cuatro puntos en sus cuatro paredes adornadas con símbolos de buen augurio, y sus cuatro puertas abiertas (dvara); se entiende que incluye dentro de sí todo lo externo, y el centro es visto como el axis mundi.

La divinidad habita en este punto central como el “Señor del Mundo”, cuya naturaleza es pura sunyara; varias otras deidades representan la tendencia que emana del centro, por lo que también reflejan la relación del samsara al nirvana como la pantalla insustancial de lo espacial y lo temporal.

Mediante la visualización de todo su cuerpo dentro el mandala, el yogui ve el universo contenido dentro de sí mismo como el microcosmos, y mediante la identificación con la deidad central de los lugares se observa la coincidencia del nirvana y el samsara.

En la absorción de la compasión, la sabiduría y los medios hábiles de esa deidad, el yogui sufre los efectos de una transmutación de su personalidad mundana que durará más que la duración del propio ritual.


Posts Relacionados :

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *