Magia simpática (parte 2)

Es muy conocido el ritual de “quemado de la efigie”, lo que significa que se sepa públicamente que una persona es odiada y que sus enemigos quieren destruirlo. La historia de este espectáculo se remonta a miles de años. Hay indicios que indican que estos eventos ocurrieron en varias ubicaciones tales como la antigua India, Babilonia, Egipto, Grecia y Roma; y se reporta que todavía ocurren en países de todo el mundo. La teoría detrás de la idea de quemar la efigie se basan en la magia simpática: al igual que la imagen sufre, también lo hace el hombre. Cuando se quema la imagen, representa que el hombre debe morir.

La curación de marionetas es otro uso de la magia simpática. Podría decirse que es lo contrario de la quema de la efigie. En vez de querer matar o herir a la persona que el títere representa, el practicante desea ayudarlo. La teoría es cualquier grado de curación que el practicante realiza en el títere, se cree que el mismo grado de curación se produce en la persona que representa la marioneta.

En resumen, la magia simpática es la creencia de que lo que un mago le hace a un objeto físico que pertenecía a una persona, funcionará de igual manera sobre esa persona (ya sea con buenas o malas intenciones).

Muchos dicen que no hay validación de la magia simpática, pues los resultados que parecen ocurrir a partir de su uso pueden ser explicados por otras cosas. Sin duda, en algunos casos, esto es cierto. Sin embargo, con la magia simpática, al igual que con toda la magia, la respuesta más objetiva parece ser que si la gente cree en ella, entonces es verdad para esas personas. La magia simpática parece no limitarse sólo a las ciencias ocultas, ya que uno ve personas rezando el rosario católico para las personas enfermas como en la antigüedad se veía a las brujas usando sus cuerdas para sanar a los enfermos. Al final cada individuo lo que está practicando es un acto de fe.


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