Limbo

El limbo como se indica en el catolicismo es un lugar para aquellos que murieron y que no merecen el castigo del infierno, pero tampoco el paraíso. Estas almas son los bebés justos que vinieron antes de Cristo que no están bautizados, y algunos niños que son víctimas de los pecados actuales originales, pero no son culpables de pecados cometidos propios.

Hay indicios de que el concepto teológico del Limbo -un lugar de felicidad perfecta- fue propuesto por la Iglesia Católica Romana, principalmente para suavizar la dureza del pronunciamiento de San Agustín de que los niños no bautizados que mueren van al infierno. Durante siglos, este concepto ha suscitado mucha controversia entre los especialistas de la iglesia y los eruditos.

No existe una clara declaración Bíblica en cuanto a las almas justas que murieron antes de la llegada de Cristo o que no cometieron pecado alguno (a excepción de tener el pecado original), por lo que se considero al limbo como el lugar de recepción de estas almas; en el caso de los niños sin bautizar, iban al limbo porque no merecían castigo por pecados propios, peor al tener el pecado original tampoco merecían el honor de ser hijo de Dios y tener la visión beatífica que le da el bautismo.

La Iglesia adoptó la opinión de que los que mueren con sólo el pecado original en sus almas no sufren tormento, pero se verían privados para siempre de la visión de Dios, lo que implica solo un tormento espiritual. Sin embargo, San Agustín continuó argumentando que no había justificación para ello, pues los niños no bautizados se merecían el infierno por el pecado original y no tenían derecho a permanecer en un estado de felicidad natural.

En los siglos predominantes esta disputa había prevalecido. En la actualidad el concepto teológico de limbo, o más exactamente el limbo de los niños, se había llevado a cabo bajo la visión de que los que mueren con el pecado original en sus almas descienden a los infiernos,  aunque esto sólo significa que están excluidos para siempre de la visión de Dios. Sin embargo, este concepto se desmoronó, pues el actual Papa ha reconocido la inexistencia del limbo, y por lo tanto su anulación.


Te Puede Interesar

Leave a Comment