La concepción mágica de Dios en la antigüedad

La antigua concepción mágica de Dios lo coloca en el esquema del universo, y el mal es el contraste inevitable para complementarlo; Dios permite la existencia de la oscuridad para intensificar el poder de la luz, tanto así, que ambos son inseparables y no podrían servir el uno sin el otro.

La doble naturaleza del mundo espiritual penetra en cada área de la vida material y espiritual; se caracteriza por la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la verdad y el error. Esto ilustra la gran ley fundamental de la naturaleza, que es el continuo conflicto entre lo positivo – el bien y lo negativo – el mal.

Esta lucha eterna tiene varias salidas para redimir, una de las más mencionadas en las escrituras es el sufrimiento; aquellos seres bondadosos, después de sufrir una serie de penurias, son recompensados con perdón y libertad.

Lo más reconocido de la esencia de Dios es su “composición” que está basada en la trinidad, según la teología, hay tres personas en Dios que conforman una deidad de tres, para explicar la unión de estas tres personas se incluye un cuarto elemento, y esto se refleje en que en muchas culturas y lenguas el nombre de Dios consta de 4 letras.

Asimismo, según los cabalistas, el nombre del maligno suele ser esas 4 mismas letras al revés, lo que una vez más destaca que el mal no es sino solamente la sombra o el reflejo del bien.

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