Inteligencia Mineral

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“Inteligencia mineral”: Sorprendente nombre para un hecho natural. Los minerales no piensan, ni son inteligentes, pero obedecen las Leyes dispuestas por el Supremo Creador conformes a su naturaleza. Para poder introducirnos en el concepto físico de la inteligencia mineral conviene mirar las cosas desde un punto de vista histórico y tratar de llegar filosóficamente a la base fenomenológica que rige la Alquimia.
Numerosos son los testigos de transmutaciones a lo largo de la Historia. Muchos de ellos insignes científicos de cuya reputación es imposible dudar. Por eso si admitimos cómo ciertos los testimonios de las transmutaciones cómo certeros, concluiremos que éstas obedecen a leyes físicas determinadas.
Todas las transmutaciones tienen un factor común, la Piedra Filosofal, tanto las producidas por la misma piedra, como las producidas por la mayoría de los particulares, que se basan en el conocimiento incompleto de la materia de la Piedra.
En la actualidad, las Ciencias conocen las transmutaciones producidas por las cuatro series de elementos radiactivos, una serie es natural y tres son artificiales. La naturaleza física de las transmutaciones alquímicas no se puede escapar al ojo de águila del científico, no son transformaciones químicas, por mucho que se empeñen los espagiristas de tres al cuarto. El estudio técnico ha comenzado a conocerse a finales del siglo XIX con las investigaciones de los esposos Curie, y se han comenzado a conocer por la Física del siglo XX, especialmente la nuclear y la mecánica cuántica.
Fulcanelli nos da una explicación (en términos alquímicos) del proceso energético que rodea la misteriosa Piedra Filosofal. Se trata de un producto capaz de acumular cada vez más energía a lo largo de un proceso reiterativo. A cada repetición del proceso, o Rueda, la energía “ígnea” que posee la Piedra se multiplica por diez, también la capacidad multiplicativa de la Piedra y la potencia transmutatoria.
Si vamos un poco más hacia el interior trataremos de ver qué ocurre a escala microscópica y macroscópica, nos interesa saber cómo una sustancia puede activarse y almacenar una gran cantidad de energía. La mejor forma de llegar a conclusiones correctas es la interpretación de los textos de los antiguos autores seleccionados entre aquellos considerados buenos y fidedignos desde el punto de vista de nuestra experiencia, y desechando los textos de los que han oscurecido el Arte de la Alquimia.
Hay una general coincidencia entre los autores en considerar que los metales una vez se han fundido, están “muertos”, es decir, que han perdido su capacidad de activación en el proceso de la Alquimia: Antes de la fusión estaban vivos, una vez se funden y solidifican de nuevo, “mueren”. Por tanto, la vida se debe buscar en el Reino Mineral, en tanto no se hayan manipulado los minerales.
La vida mineral se explica por la existencia de una red energética a nivel subnuclear (que por excitación térmica se rompería), y que es la responsable de los curiosos fenómenos energéticos que tienen lugar en la Piedra Filosofal. Siempre y cuando los productos relativos a la Piedra Filosofal se extraigan con una energía menor a la que destruye la citada subestructura subnuclear, esta tendría la capacidad de ser activada y producir los fenómenos descritos en los textos clásicos.
La inteligencia mineral es la capacidad de ordenación que presenta la materia viva, que siempre se realiza de idéntica forma, como consecuencia de la actividad de la red energética a lo largo del proceso filosofal. Es un fenómeno con una gran entropía negativa, propia de todos los fenómenos producidos por la materia viva, y la máxima expresión posible dentro del Reino Mineral.

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