I Ching: Libro de sabiduría

Otro aspecto del oráculo I Ching o Libro de las Mutaciones es la sabiduría que emana de sus textos, muchos de ellos comentados en el libro por el propio Kung fu-Tsé (Confucio).
Lao-Tsé lo consultaba periódicamente y varios de sus más conocidos aforismos se inspiraron en sus páginas.  La idea general de todo el libro es, sin duda, la de mutación, el cambio y el movimiento, como la vida misma de todos los hombres.

El libro de sabiduría ancestral

“Nos bañamos en el mismo río y, sin embargo, no en el mismo. Somos nosotros y no somos nosotros”

La idea de la mutación y el estado continuamente cambiante de los elementos naturales, de los seres, de las cosas y del propio Universo es evidente.
Aquel que comprende el significado de dicho cambio ya no fija más su atención en lo transitorio y sí en la ley eterna de la mutación.  Esa ley es el perpetuo cambio de una realidad en otra, como un ciclo de acontecimientos  cerrado (el día y la noche, el verano y el invierno, etc.)
Se dice que los hombres sabios tienen acceso a esas ideas por medio de la intuición y así llegan a tener el poder de intervenir de manera directa en los acontecimientos del mundo.
Del mismo modo el oráculo del I Ching muestra las imágenes de los hechos que pueden suceder así como las probabilidades de que cambien; así, discerniendo gracias a su ayuda, el hombre puede prever su futuro.

Hay quienes utilizan la edición como libro de cabecera. No hay más que abrir una de sus páginas para encontrarnos con pasajes que nos hacen meditar en los sucesos cotidianos. Hagamos una prueba y abramos el libro para constatar esta afirmación, que quedará para reflexión de los lectores:

“Fin del día. La luz del sol poniente hace recordar el aspecto transitorio de la vida. En esta falta de libertad exterior los hombres pierden a veces su libertad interior. La transitoriedad de la existencia los impele a una euforia desenfrenada, a fin de gozar la vida mientras dura, o se dejan llevar por la tristeza y desperdician un tiempo precioso lamentándose. Ambas actitudes son erradas. Para el hombre superior es indiferente que la muerte esté próxima o distante. El hombre sabio se alista, aguarda su suerte y consolida su destino”


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