Espíritus Naturales de Paracelso (parte 2)

Paracelso dedicó parte de su trabajo al estudio de los espíritus naturales, Él decía que no veía a los seres que él describe, pero que es consciente de su existencia a través de los sentidos.

Más adelante describe exhaustivamente estas identidades. No son como los seres humanos, y pueden ser buenos o malos:

“Ellos son ingeniosos, ricos, inteligentes, pobres tontos como nosotros, que somos de Adán”.

Se parecen a los humanos, aunque en proporción diferente, porque Dios los hizo a imagen del hombre así como el hombre está hecho a imagen de Dios.

Paracelso les atribuye las mismas características que el hombre posee. Ellos tienen la salud y la enfermedad, costumbres similares, la conducta y el habla.

Paracelso estaba seguro de que Dios creó a estas criaturas, y aseguraba que eran como los seres humanos en todos los aspectos, excepto uno, que no poseen almas, por lo que desean la compañía humana.

Él describe cuatro tipos de seres: ninfas (la gente del agua), silfos (las personas del aire), los pigmeos (los habitantes de la Tierra), y las salamandras (las personas del fuego). Paracelso clasificaba a estos seres según los cuatro elementos de Aristóteles.

Paracelso creía que Dios creó a estos seres para que fueran guardianes de sus respectivos elementos, los tesoros del mundo, y para evitar que el hombre saqueara todo a la vez.


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