Espíritus Naturales de Paracelso (parte 1)

La consideración de los espíritus de la naturaleza en el tiempo de Paracelso era peligrosa, ya que la Iglesia pensaba que aquella persona que se refiriera a eso estaba loco o poseído por demonios.

La enfermedad mental en la Edad Media era una cuestión moral, esta es la razón por la que la enfermedad mental aún tiene un estigma para algunas personas hoy en día. En aquella época se pensaba que los denominados “locos e idiotas” estaban poseídos por los demonios; asimismo, la epilepsia era el principal candidato para ser descrito como una posesión del demonio.

El Malleus Maleficarum describe en términos pseudo-médicos cómo una entidad demoníaca puede causar alucinaciones en una persona. En resumen, aunque el alma es creada por Dios, con el permiso de Dios, otros organismos pueden entrar en él y hacer impresiones de las facultades internas que corresponden a los órganos del cuerpo. Tales creencias hacían propensas a las personas en situación de enfermedad mental a sufrir un trato cruel de los demás.

Cabe preguntarse de donde vinieron todos estos demonios. La respuesta es que en los tiempos precristianos la gente creía en los espíritus de la naturaleza. La creencia de que todas las cosas tienen espíritu constituye el animismo; más ejemplos de esta creencia son el Lasa, en la mitología etrusca, y los Lares, en la mitología romana.

Como muchos aspectos del paganismo, la Iglesia consideró que era más conveniente incorporar esta creencia en el cristianismo antes de tratar de eliminarla completamente. Sin embargo, en esta integración, la naturaleza esencial de algunos espíritus se cambió, pues mientras que en el paganismo los espíritus eran buenos y/o malos, en el cristianismo, todos eran malos.

Algunos afirmaban que toda la magia era demoníaca. Paracelso con frecuencia tenía que refutar las acusaciones de brujería. Él, junto con Agripa no creía que todos los espíritus eran malos. Este último incluso se atrevió a decir que, al confundir la magia natural y la negra, la Inquisición fue culpable de atribuir a los demonios ciertos acontecimientos que podían ser explicados por las fuerzas naturales.

Paracelso, considerándose católico, fue más allá y dijo que algunos demonios no son sobrenaturales, en ningún sentido, sino simplemente seres naturales: una mezcla de humanos, animales y el espíritu; l,o que le valió múltiples acusaciones de brujería. Paracelso era muy consciente de la superstición, porque dijo:

“Hay más supersticiones en la Iglesia romana que en todas estas mujeres y brujas”.



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