El significado de lo sagrado

Sagrado es un término derivado del latín sacer, que significa “intocable” en el doble sentido de lo santo y lo impuro. Una persona o cosa “sagrada” era designada para un propósito divino, era un tabú dedicado a otro mundo.

Un incidente en cuestión es la historia bíblica de Uza que tocó el arca del pacto. Aunque las intenciones de Uza eran puramente honoríficas, Dios lo hizo morir por tocar el objeto sagrado; pues sólo los sacerdotes, diciendo oraciones, podían tocar el Santo de los Santos. En este caso se hace una clara separación entre lo común y lo sagrado.

El término “inmundo” se aplicó bíblicamente a los seres humanos, especialmente a las mujeres, así como a los animales. Después de dar a luz y al perder la sangre menstrual la mujer era considerada impura; si daba a luz un hijo varón era considerada impura durante 33 días, si era una niña la purificación de la mujer duraba 66 días. Durante esta etapa la mujer era considerada impura y no debía tocar ninguna cosa santa, haciendo una diferenciación entre lo que se consideraba sagrado y la naturaleza.

Los dioses de otras culturas requerían sacrificios de sangre de animales “inmundos”, por ejemplo, los cerdos criados en el templo de Hierápolis eran tabú en el sentido típico dualista por ser a la vez “impuro” y sagrado.

Como se ve en la Iglesia Católica Romana el grado de santidad de la cosa o persona puede cambiar. Durante años, el santuario alrededor del altar mayor de una iglesia era tratado como un área muy sagrada. Nadie, excepto los sacerdotes y otros con permiso se permitían dentro de esta área, por lo tanto, nadie se aventuraba más allá de la balaustrada que separa generalmente el santuario de la parte principal de la iglesia. En la actualidad, en muchas iglesias, los católicos entran en el santuario para recibir la comunión en el altar.

Dentro de la Iglesia Católica, la recepción de la comunión también ha cambiado. Durante años, se pensaba que el sacerdote era la única persona autorizada para tocar la hostia consagrada, para cualquier otra persona hacerlo era considerado un pecado grave, ya que sólo el clero podía dar la comunión a las personas colocándola en la lengua. En la actualidad, los comulgantes pueden tomar la hostia en sus manos.


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