El rosario católico

El rosario católico se asemeja a las cuentas de oración, que se utilizan como contadores en las religiones orientales, en especial el hinduismo. De hecho, los primeros rosarios fueron probablemente cuerdas con nudos o cordones que se remontan a la antigüedad.

Otros contadores de oración, las cuerdas anudadas, se originaron en el siglo IV por los Padres de la Iglesia ortodoxa del este; estos rosarios fueron utilizados al rezar la Oración de Jesús o la oración del corazón. Otros métodos de recuento, como guijarros y tableros de clavijas, también fueron utilizados por los primeros Padres del Desierto. Los rosarios iniciales evolucionaron hasta convertirse en la gran variedad que encontramos hoy en día.

En la Iglesia Occidental, según el Breviario Romano, el rosario es una forma de oración que consiste en rezar 5 veces 10 Ave Marías, con Padre Nuestro y un Gloria al Padre entre cada uno de loa 10. Al recitar cada una quien ora debe estar en meditación piadosa sobre los misterios de la Redención.

El origen del Rosario, según la tradición, se inició en 1214 cuando la Virgen María dio a Santo Domingo el Rosario en forma similar a lo que existe hoy en día, excepto con formulaciones diferentes del Ave María. Al parecer, el motivo preocupante fue la herejía albigense. Durante la devastación de la herejía dentro de la zona de Toulouse Santo Domingo suplicó la ayuda de la Virgen, quien a su vez, le dio instrucciones para predicar el Rosario a las personas para protegerse de la herejía y el pecado. Desde entonces, el rosario se ha establecido firmemente en la Iglesia a través de las cartas apostólicas de diversos pontífices que comienzan con el Papa León XIII en 1883. Todas las encíclicas describen la misma forma de la oración del Rosario como fue instituido por Santo Domingo.

Este hecho histórico se ve desafiado por la evidencia arqueológica de numerosos artículos y trabajos escritos por y acerca de Santo Domingo, que no mencionan el rosario o hacen cualquier conexión entre éste y el santo. No había ninguna alusión al Rosario en los ocho o nueve obras tempranas de la vida del santo. Los testigos que dieron pruebas para la causa de su canonización fueron igualmente reticentes. Esto en sí mismo es una extraña coincidencia, ya que María y el Rosario son muy admirados por la Iglesia.

Por otra parte, las constituciones de las diferentes parroquias de la orden de los dominicos no hacen referencia a esta devoción. Hay miles de páginas de información acerca de Santo Domingo que no tienen ninguna mención del Rosario.

Sin embargo, el biógrafo de San Alberto dio una descripción del hombre que:

“Cien veces al día dobló sus rodillas, y cincuenta veces él se postró levantando su cuerpo mientras repetía en cada genuflexión: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.

El nombre de Jesús fue añadido por San Bernardino de Siena. En resumen, existe información histórica que Santo Domingo no instituyó el Rosario. Hay indicios de que las formulaciones iniciales del rito comenzaron mucho antes de Santo Domingo, pues otros antes de él practicaban diciendo las oraciones antes mencionadas.

Los misterios para meditar no fueron introducidos hasta unos 200 años después de la muerte de Santo Domingo. Entonces, la pregunta sigue siendo, ¿por qué se le da crédito a santo Domingo por introducir el Rosario a la gente común?

Una respuesta a esta pregunta parece haber sido descubierta por una asociación de eruditos eclesiásticos dedicados a la edición del Acta Sanctorum, que trató de rastrear el origen de la tradición actual. Sus conclusiones convergentes sobre la predicación sugieren que Santo Domingo revivió la devoción de “salterio de la Virgen” (150 Ave María).

Tradicionalmente, el rezo del Rosario significa rezar cinco décadas de Ave Marías. Asignado a cada década están misterios de la fe, en los que la persona debe meditar al rezar la década. Estos misterios se prescriben y deben ser meditados en ciertos días de la semana.

Los Misterios Gozosos: lunes y sábados. Son la Anunciación de la Santísima Virgen, La Visitación de la Santísima Virgen, La Natividad de Nuestro Señor, La Presentación del Señor en el templo, y el hallazgo en el Templo.

Los Misterios Dolorosos: martes y viernes. Son La Agonía en el Huerto, La Flagelación en el Pilar, La Coronación de espinas, Jesús con la cruz y la crucifixión y muerte de Jesús.

Los Misterios Gloriosos: miércoles y domingos. Son la resurrección del Señor, la Ascensión del Señor, la Venida del Espíritu Santo, La Asunción de la Santísima Virgen, y La Coronación de la Santísima Virgen María.

En 2002, el Papa Juan Pablo II en una carta encíclica Rosarium Virginis Mariae (octubre de 2002), recomendó un conjunto adicional de Misterios Luminus (o los “misterios de la luz”) para los días jueves. Estos son el bautismo de Jesús, Las bodas de Caná , la proclamación del Reino de Dios, la Transfiguración, y la Institución de la Eucaristía.

El rosario ha sido utilizado como una forma de castigo en la Iglesia Católica en Europa, pues durante la Edad Media la gente se veía obligada con frecuencia a llevar pesadas cuentas de un rosario en el cuello y en ocasiones se les hizo estar de pie delante de la catedral para ser ridiculizados. A menudo, las víctimas eran menores culpables de actos sacrílegos, como quedarse dormido en la iglesia, no dar lo suficiente durante el inicio de la recolección, o simplemente no ir a la iglesia en absoluto. A pesar de que el Rosario fue instituido para honrar a Jesús y María, se puede observar que también se ha utilizado para servir a la Iglesia para mantener el rebaño en línea.

Incluso los sacerdotes de hoy suelen usar el Rosario como una forma de penitencia después de la absolución de los pecados en la confesión; se toma como una forma de reflexión y crecimiento espiritual para ayudar al penitente a abstenerse del pecado.


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