El “No-Hacer”: Bases del pensamiento zen

Cómo librarse del dolor y dejar atrás la creencia de que somos esclavos de las circunstancias del entorno son las bases del pensamiento zen. Cuando estos esfuerzos hayan llevado a la clara comprensión de todo cuanto podamos hacer para liberarnos del sufrimiento es inútil, entonces se alcanzará el satori, la visión de que no existe un sendero, puesto que no debemos ir a ninguna parte. El “No- Hacer” no es activo como podría parecer y es una de los conceptos primarios en las bases del pensamiento zen.

A la pregunta que se plantea el hombre de ¿qué hacer para liberarme? El zen responde que nada hay que hacer puesto que nunca hemos sido esclavos. Sin embargo este “hacer” del zen puede dar lugar a malinterpretaciones. El “hacer” se descompone en la concepción y la acción y el hombre común interpreta el “hacer” a la acción o ejecución de un acto. Mas el “hacer” del zen es una concepción del “ser”. Todo se arreglará, dice el zen, en nuestro “hacer” cuando cesemos de intentar de modificarlo y trabajemos en despertar nuestra conciencia a la idea de la Perfecta Realidad.

La Perfecta Realidad

Esta idea del No- Hacer que junto con otros conceptos forman las bases del pensamiento zen podría percibirse como inmovilidad, sin embargo es un trabajo activo y significa el dinamismo espontáneo de la vida real, que supone la supresión de las manipulaciones inútiles en las que se atarea el hombre. Este “No- Hacer” del zen puede verse erróneamente como una contradicción, pues intentar “no-hacer” es en sí mismo un esfuerzo por modificar nuestros pensamientos y creencias.

El trabajo intelectual que se emprende al intentar comprender lleva a despertar la fe en la Perfecta Realidad y discurre en dos tiempos diferentes. En el primer tiempo el pensamiento concibe las ideas para que comprendamos la teoría de esta idea y esto puede concebirse como “hacer” algo. Sin embargo pensar en ello no elimina el sufrimiento, antes es necesario transformar esta nueva percepción en una experiencia vívida, abstracta y concreta a la vez, que podamos sentir como real. Cuando estos esfuerzos hayan llevado a la clara comprensión de que todo cuanto podamos hacer para liberarnos del sufrimiento es inútil, entonces se alcanzará el satori, la visión de que no existe ningún camino, porque no se debe ir a ninguna parte.

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