El nacimiento de la virgen

El nacimiento de la virgen es la impregnación divina de una mujer joven por un dios. La virgen- madre que va a ser desflorada debe colocarse a si misma entre el sagrado lingam -pene erecto del dios- para que la pueda penetrar. Al momento de concebir el hijo del dios, la virgen coloca una corona de flores sobre la cabeza de la imagen del dios.

Este era un acto simbólico y evocador de la antigua ceremonia svayamara india. La corona simboliza los genitales de la virgen, y la cabeza representa la del dios. Tanto la cabeza como el lingam eran ungidos con óleo sagrado en honor de la unión divina y para la protección de la joven durante la penetración. Estas ceremonias eran habituales en todas las zonas del este y el Mediterráneo medieval.

En la época romana esta ceremonia fue muy popular entre las mujeres jóvenes. Ellas mismas eran desfloradas en el falo tallado de Hermes, Tutunus, Príapo o algún otro “dios ungido” antes de acostarse con sus novios. A continuación, el primer hijo se pensaba que era un dios engendrado, y así se origino la frase “nacido por la gracia de Dios”.

En general, los padres de la Iglesia se opusieron a tal ceremonia de desfloración, ya que se estaba haciendo del nacimiento de Cristo -que afirmaban era milagroso- en un acontecimiento cotidiano. San Agustín, denunció que las mujeres mayores fomentaban este rito en las jóvenes, pues las mujeres que se dedicaban a participar en la ceremonia lo veían como algo “muy honesto y religioso”.

Finalmente, la “naturaleza divina” parecía haberse convertido en una naturaleza diabólica, esto se indica en las confesiones que salieron de los senderos de brujas medievales, donde las brujas confesaron haber tenido relaciones sexuales con el diablo: “Decían que su pene estaba duro y frío, y que su cuerpo estaba frío por todas partes, como una criatura de piedra”. Tal diablo bien podría haber sido una criatura de piedra, es decir, una estatua de Príapo o uno de los otros dioses fálicos.

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