El I Ching y el Tao

El I Ching es un antiguo y hermoso oráculo chino que ha estado ayudando a la gente y respondiendo a sus preguntas durante unos 3.000 años. Leyendo el Tao Te Ching y el I Ching juntos, parece que Lao Tzu debe haber conocido y amado a la tradición del antiguo oráculo.

El Tao es el camino. Moverse con él es estar en armonía con la naturaleza del tiempo, encajando con ella tan suavemente como el agua que fluye.

Esto no fue una idea metafísica abstracta para los antiguos chinos: tanto en los ciclos regulares de la agricultura como en la dinámica cambiante de la política contemporánea, fue una necesidad. Lo ideal es simple: seguir lo que es correcto para la época. El tiempo no está marcado cuantitativamente sino cualitativamente, ya que se observa un particular momento sagrado.

El I Ching abarca muchas, muchas maneras diferentes de relacionarse con la naturaleza del tiempo cambiante, que a menudo son mutuamente excluyentes. No es sólo un libro de sabiduría para leer, es un oráculo. A través de la invocación en el acto de consultar el oráculo, efectivamente nos ayuda a desenredarnos a nosotros mismos de racionalizaciones, y nos permite ver la realidad subyacente del momento.

El ideal taoísta, de una percepción nítida que permite un desplazamiento natural en el momento adecuado, fue compartido por los primeros usuarios de oráculos. No pedían pasivamente a los espíritus lo que iba a suceder, sino más bien si tenían su bendición para la caza o la cosecha.

Tal vez la pregunta más básica que subyace a todas las demás es ¿Cuál es mi camino?. Pero esta simple oración contiene muchas preguntas:

  • ¿Dónde estoy?
  • ¿ A dónde voy?
  • ¿Cómo puedo llegar hasta allí?
  • ¿Cómo puedo hacer frente a estos obstáculos?
  • ¿Es este el camino correcto?

Estas son las preguntas que las personas han estado llevando a la I Ching durante 3.000 años o más.


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