Deísmo (parte 3)

Para finalizar con las explicaciones que se le han dado al Deísmo a través de la historia, hoy veremos la parte teleológica que se ha desarrollado a lo largo de los años, y que clama por la intervención directa de una inteligencia externa (representada por Dios) tanto en el origen como en el rumbo que toma el universo y cada vida que es contenida en este espacio.

Para entender este punto de vista, debemos tomar en cuenta que este argumento se limita a establecer los hechos de que un fenómeno existe y ha sido diseñados por un ser inteligente; la razón de su existencia y la naturaleza de su diseño, a excepción de su inteligencia, son irrelevantes.

Uno de los primeros en apoyar estas teorías fué Cicerón, quien al mirar un reloj de arena señaló:

“Cuando uno mira este objeto que nos indica el tiempo sabemos que no lo hace por casualidad, sino que alguien lo diseñó para ello; si algo tan pequeño fué diseñado por alguien, más aún el Universo debe tener un creador inteligente”.

La teleología indica que el universo y todo lo que contiene no apareció por casualidad, sino que más bien tiene un propósito y un fin; y que a través de todos los fenómenos exactos que ocurren en el mismo, se puede decir que existe una inteligencia superior detrás de su origen.

A pesar de que ninguno de los dos argumentos (cosmológico y teleológico) justifican completamente la creencia del Deísmo, este precepto se estableció profundamente, y sobre todo en Estados Unidos fue acogido con mucho entusiasmo.

Actualmente, esta creencia intenta incorporar diversos puntos de vista sobre la naturaleza y el papel de Dios en la creación; el único requisito es que dicha creencia debe estar basada en la razón, la experiencia y la naturaleza.


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