Deísmo (parte 1)

El Deísmo, como se conoce en la actualidad, es una creencia en la que se reconoce la existencia de un Dios, pero no por tradición o revelación, sino más bien por el uso de la razón. El deísta cree que las decisiones de la vida deben ser tomadas a través de la razón personal, y no estar dictadas por ningún tipo de religión o imposición cultural.

El deísmo intenta aclarar cuestiones relativas al origen del universo y el mundo que habitamos, por lo que se basa en 2 argumentos principales que son:

  • Argumento cosmológico: implica una causa primaria (de índole desconocida) como el motor principal del nacimiento del universo.
  • Argumento teológico: señala que el universo es muy complejo como para haber sido generado al azar.

El deísmo ha sido conceptualizado clásicamente como la teoría que indica que Dios creó el universo, más no interfiere con su funcionamiento interno (aunque este punto es discutido por diversos personajes que porfesan esta creencia).

Es así como ambas teorías luchan entre sí para explicar el origen de las cosas, además de intentar añadir los hallazgos científicos para darle una forma sólida a la creación; el deísmo (en una forma simple) intenta explicar a través de ambas teorías el inicio de todo a través de la siguiente fórmula:

“X (el universo o los fenómenos naturales) es demasiado compleja para haber ocurrido al azar o de forma natural, por lo tanto, X debe haber sido creado por un ser inteligente, que por lo tanto existe”.

En la siguiente entrada veremos la historia de los argumentos que presenta el Deísmo y que conforman la base de sus creencias.


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