Condiciones del satori (tercera parte)

Según el pensamiento zen, el hombre que desea alcanzar el satori debe prepararse aislando su centro intelectual para resguardarlo de las emociones. Para ello, debe tener siempre presente percibir su sensación de existir. Esto debe ser posible a cada instante, sin perjuicio de lo que el hombre realice o piense en cualquier momento; una de las condiciones del satori, aunque parezca paradójico, es percibir el fracaso de esos esfuerzos y llegar a la perfecta inamovilidad.

Condiciones del satori

Dice el zen que la explosión del satori se asemeja a un hombre que está separado de la luz por un muro. Cada vez que el hombre toca el muro, éste se vuelve más alto. Por fin llega el día en que se da cuenta que todos sus esfuerzos han sido inútiles y la altura que ha alcanzado el muro es inmensa, inconmensurable; el hombre se siente desfallecer y percibe la catástrofe reveladora que provoca una reacción en su mente, que lo ilumina.

El esfuerzo de tocar el muro para derribarlo es el que el que el hombre realiza en su esfuerzo por percibir la existencia y la iluminación que obtiene el hombre que avanza hacia el satori es todo lo contrario, es un esfuerzo que se orienta hacia la simplicidad perfecta de modo de escapar de las complejidades que introducimos de manera intelectual en el problema de la existencia.

Y ésta es una de las condiciones del satori:
Aprender a conseguir de la mente el gesto puro y simple que alcanza la inamovilidad.


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