Condiciones del satori (segunda parte)

Dice el zen, que las condiciones para alcanzar el satori se pueden comprender en base a una parábola. Un hombre está encerrado en una celda, cuya puerta se abre hacia el interior. Este hombre empuja para abrirla, pero cuanto más esfuerzo realiza, la puerta más se cierra. Si el hombre deja de empujar, la puerta se abre por sí sola. La percepción del hombre del esfuerzo que debe hacer para liberarse es mero artificio. El hombre debe aislar su centro intelectual para protegerlo de sus emociones. He aquí otra de las condiciones del satori.

Condiciones para alcanzar el satori

Dice el zen:
“El verdadero satori significa que se ha logrado una calma perfecta en la mente de un hombre que no se ha apartado de las circunstancias que conciernen a su Ego, sino que, por el contrario, las vive plenamente”

En la mente del hombre que ha alcanzado el satori hay algo que está en suspenso. No se trata de suspender el funcionamiento mental sino que la mente gira perfectamente, sin agitaciones.
Estas agitaciones, son las emociones del hombre.
Las emociones representan un obstáculo en la energía vital del hombre según el zen; este obstáculo, entre el centro instintivo y el centro intelectual y se produce en un tercer centro, llamado “centro emocional”.

El obstáculo al que se refiere el zen se produce cuando el centro intelectual no está aislado sino que está regido por las emociones. La imposibilidad de aislar el centro intelectual se debe a la pasividad de la mente humana ante el problema final de la condición del hombre. El hombre se afana en su necesidad de “ser distinto” sin tener consciencia de ello y vive atento a las formas de sus estados psicosomáticos, a sus variaciones cualitativas y no puede ver la variación cuantitativa de la sensación de su existencia.

Si en cualquier momento, el hombre desea percibir su sensación de existir, puede hacerlo, pero esto será una sensación momentánea, que desaparecerá tan pronto interactúe con otros hombres o realice cualquier actividad.

Durante esta sensación o percepción de existir la mente está activa ante esa condición real, en el instante de la existencia; de ese modo el centro intelectual está aislado y el hombre que desee alcanzar el satori debe aislar su centro intelectual para protegerlo de la agitación de las emociones.

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