Algunas concepciones del alma (parte 2)

Aristóteles no vio la posibilidad de la inmortalidad individual, sino la permanencia de una especie supra-individual del alma; ayudar en la adopción de esta conclusión fue el concepto de que en algún momento el alma se infunde en el cuerpo sin alma, que es el acto de Dios otorgando el alma en el cuerpo, durante el período embrionario. Esta animación aristotélica y la morfología médica siguen siendo coherentes entre sí junto a la antropología cristiana. Sin embargo, en 1869 la posición católica romana fue cambiada al afirmar que el alma se confiere en el momento de la concepción, por lo tanto, el embrión es una persona en el proceso de convertirse en tal.

Esto es conocido por ser inexacto. El embrión puede estar comprometido con un desarrollo no humano, y por lo tanto no devenir en una persona en absoluto. Pero la enseñanza de la Iglesia en muchos lugares se trata como ley. De la discusión anterior se puede apreciar que el concepto del alma, excepto en el judaísmo, ha pasado por diversos acontecimientos. Esta evolución ideológica avanzaba a la par como varias ideas fueron aceptadas o rechazadas. A pesar de que las autoridades dieron su sello de aprobación sobre la ubicación del actual concepto, no se consigue frenar la evolución del mismo, porque otros lo ven como la aprobación de las ideas de hombres en posiciones de autoridad, lo cual no es una base para la opinión objetiva.

Como se mencionó anteriormente Platón creía que el alma podía existir separada del cuerpo, el alma todavía era considerado divina, parte de Dios. Esta creencia en el carácter divino del alma existe en la actualidad en muchas tradiciones. Se entiende como la inmortalidad del alma después de la muerte del cuerpo. Algunas tradiciones creen en la capacidad del alma en la reencarnación y/o la transmigración, que pasa a otros cuerpos humanos o animales.

El alma puede ser considerada como una entidad unificada o dividida en partes. En la Cábala, por ejemplo, el alma tiene tres divisiones: la Neshamah, el Ruach, y la Nephesch. De éstas, la primera o “alma superior”, comparte las cualidades espirituales de la Trinidad (las tres Sephirah sobre el abismo), mientras que las otras dos divisiones son menos elevadas.

Muchas culturas chamánicas creen que el ser humano posee más de un alma. Lo que se llama el “alma libre” que es capaz de viajar a diferentes ámbitos, como a la tierra de los muertos y al mundo espiritual. La pérdida del alma libre puede estar asociada con la enfermedad y el malestar y su recuperación puede requerir el trabajo de un chamán. El alma libre se distingue del “alma del cuerpo” o “alma de la vida”, que es la fuerza que anima al cuerpo y lo mantiene vivo.

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